Saltar al contenido

Soberanía tecnológica

Predicamos que la ciudadanía puede gobernarse a sí misma. Sería raro que nuestra propia casa digital la gobernaran otros.

El principio

Marea Deliberativa defiende que el poder político se puede redistribuir: que personas corrientes, elegidas por sorteo, pueden deliberar y decidir bien sobre lo que les afecta. Ese mismo principio, aplicado a las herramientas, tiene nombre: soberanía tecnológica. Controlar la infraestructura con la que una organización piensa, se comunica y guarda su memoria.

La mayoría de organizaciones sociales funcionan sobre infraestructura ajena: el correo en una multinacional publicitaria, los archivos en la nube de otra, las conversaciones en plataformas que cambian las reglas cuando les conviene. Es la opción por defecto, y es cómoda. Pero tiene un precio que no aparece en ninguna factura: dependencia. Una cuenta suspendida, una subida de precios, una condición de servicio nueva, y la organización queda coja de un día para otro.

Una organización que trabaja por la autonomía democrática no puede mirar hacia otro lado ante esa contradicción. Por eso en Marea Deliberativa hemos hecho una apuesta deliberada, nunca mejor dicho: software libre e infraestructura propia como norma, y terceros solo donde tiene sentido.

Local-first: los datos viven en casa

Nos inspira el movimiento local-first, articulado por el laboratorio de investigación Ink & Switch. La idea es simple de enunciar: tus datos deberían vivir ante todo en tus máquinas y bajo tu control, no en el servidor de un proveedor que mañana puede cerrar, cambiar de dueño o cambiar de condiciones.

Traducido a nuestra práctica: las bases de datos, la documentación y los flujos de trabajo de Marea Deliberativa corren sobre hardware propio, con copias de seguridad propias. Si mañana desapareciera alguno de los proveedores que aún usamos, los datos seguirían en casa y podríamos sustituirlo.

Cómo se concreta

Sin entrar en inventarios técnicos (la discreción también es parte de la seguridad, y la seguridad es parte de la soberanía), así nos organizamos por dentro:

  • Gestión y memoria propias. Las tareas, la documentación interna y las relaciones con colaboradores viven en software libre autoalojado: Vikunja para la gestión de tareas, Docmost como wiki, Twenty como CRM. Nada de eso depende de un SaaS propietario que pueda cerrar el grifo.
  • Automatización. Los procesos repetitivos se automatizan con n8n, software libre que corre en nuestras máquinas, y donde se puede, con modelos de lenguaje locales (vía Ollama) ejecutándose en nuestro propio hardware. También usamos asistentes de IA de terceros para el trabajo diario, y es una de las dependencias que tenemos identificadas.
  • Comunicación pública sobre infraestructura controlada. La web (Ghost) y la newsletter (Listmonk) corren sobre infraestructura que administramos nosotros. La newsletter funciona con doble opt-in y tus datos no se ceden a ninguna plataforma de marketing.
  • Hardware propio. El corazón de todo esto es un servidor propio, lo que la jerga llama un homelab, con sus copias de seguridad y su monitorización. Pequeño, suficiente y nuestro.

Sin purismos

La honestidad obliga a decirlo: seguimos usando servicios de terceros donde la alternativa propia todavía no compensa, como el correo corporativo, la protección perimetral de la web, el almacenamiento de respaldo en una nube europea y los asistentes de IA para el trabajo diario. Cada una de esas dependencias está identificada, decidida conscientemente, y la dirección del viaje es acortarlas, no acumularlas.

Soberanía pragmática: lo que cuenta es el criterio, saber qué depende de quién y poder revertirlo.

Por qué esto es democracia

En un proceso de sorteo cívico, los datos de la ciudadanía que participa son lo más valioso que pasa por las manos de quien lo organiza. Si una institución nos confía esos datos, los tratamos con software auditable y en infraestructura propia: es el equivalente digital de la urna transparente.

Y hay algo más de fondo. El software libre y la deliberación ciudadana son parientes cercanos: ambos sostienen que la inteligencia distribuida de mucha gente corriente, con reglas justas y verificables, produce mejores resultados que la clarividencia de unos pocos iluminados. Defender lo uno y practicar lo otro es, en el fondo, la misma idea.

¿Te interesa la intersección entre democracia y tecnología?

Marea Deliberativa quiere crecer en comunidad. Si esto te resuena, hablamos.

Colabora con Marea Deliberativa →